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16. La virginidad y el celibato por el Reino de Dios no sólo no contradicen la dignidad del matrimonio, sino que la presuponen y la confirman. El matrimonio y la virginidad son dos modos de expresar y de vivir el único Misterio de la Alianza de Dios con su pueblo. Cuando no se estima el matrimonio, no puede existir tampoco la virginidad consagrada; cuando la sexualidad humana no se considera un gran valor donado por el Creador, pierde significado la renuncia por el Reino de los cielos. Aun habiendo renunciado a la fecundidad física, la persona virgen se hace espiritualmente fecunda, padre y madre de muchos, cooperando a la realización de la familia según el designio de Dios. Catecismo de la Iglesia Católica 1656 En nuestros días, en un mundo frecuentemente extraño e incluso hostil a la fe, las familias creyentes tienen una importancia primordial en cuanto faros de una fe viva e irradiadora. Por eso el Concilio Vaticano II llama a la familia, con una antigua expresión, "Ecclesia domestica" (LG 11; cf. FC 21). En el seno de la familia, "los padres han de ser para sus hijos los primeros anunciadores de la fe con su palabra y con su ejemplo, y han de fomentar la vocación personal de cada uno y, con especial cuidado, la vocación a la vida consagrada" (LG 11). 2232 Los vínculos familiares, aunque son muy importantes, no son absolutos. A la par que el hijo crece hacia una madurez y autonomía humanas y espirituales, la vocación singular que viene de Dios se afirma con más claridad y fuerza. Los padres deben respetar esta llamada y favorecer la respuesta de sus hijos para seguirla. Es preciso convencerse de que la vocación primera del cristiano es seguir a Jesús (cf Mt 16, 25): “El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí” (Mt 10, 37). 2226 Los padres tienen la misión de enseñar a sus hijos a orar y a descubrir su vocación de hijos de Dios (cf LG 11). SOBRE LA ADECUADA RENOVACIÓN DE LA VIDA RELIGIOSA 24. Los sacerdotes y los educadores cristianos pongan un verdadero empeño en dar a las vocaciones religiosas, conveniente y cuidadosamente seleccionadas, nuevo incremento que responda plenamente a las necesidades de la Iglesia. Aun en la predicación ordinaria, trátese con más frecuencia de los consejos evangélicos y de las conveniencias en abrazar el estado religioso. Los padres, al educar a sus hijos en las costumbres cristianas, cultiven y defiendan en sus corazones la vocación religiosa. Es lícito a los Institutos divulgar el conocimiento de sí mismos para fomentar vocaciones y reclutar candidatos... Código de Derecho Canónico 219 En la elección del estado de vida, todos los fieles tienen el derecho a ser inmunes de cualquier coacción. 233 § 1. Incumbe a toda la comunidad cristiana el deber de fomentar las vocaciones, para que se provea suficientemente a las necesidades del ministerio sagrado en la Iglesia entera; especialmente, este deber obliga a las familias cristianas, a los educadores y de manera peculiar a los sacerdotes, sobre todo a los párrocos. Los Obispos diocesanos, a quienes corresponde en grado sumo cuidar de que se promuevan vocaciones, instruyan al pueblo que les está encomendado sobre la grandeza del ministerio sagrado y la necesidad de ministros en la Iglesia, promuevan y sostengan iniciativas para fomentar las vocaciones, sobre todo por medio de las obras que ya existen con esta finalidad. 574 § 1. El estado de quienes profesan los consejos evangélicos en esos institutos pertenece a la vida y a la santidad de la Iglesia, y por ello todos en la Iglesia deben apoyarlo y promoverlo. § 2. Dios llama especialmente a algunos fieles a dicho estado, para que gocen de este don peculiar en la vida de la Iglesia y favorezcan su misión salvífica de acuerdo con el fin y el espíritu del instituto. Extractos de la Carta del Papa Juan Pablo II dirigidas a todas las personas Consagradas pertenecientes a Comunidades Religiosas e Institutos Seculares, con ocasión de la Meditación sobre el Año Mariano, en relación con lo que ocurrió en la Anunciación, nosotros también pensamos acerca de nuestra vocación. La vocación siempre marca una especie de momento decisivo en la senda de nuestra relación con el Dios Vivo. Ante cada uno de vosotros se ha abierto una nueva perspectiva, y se le ha dado un significado nuevo, y una nueva dimensión a vuestra existencia Cristiana... “Antes de convertirse en un hecho consumado en un individuo, antes de que tome la forma de una elección y de una decisión personal, una vocación se remonta a otra elección, la elección por parte de Dios, que ha precedido a la elección y decisión humanas. Cristo habló de esto a los Apóstoles durante su discurso de despedida: ‘No sois vosotros quienes me habéis elegido a Mí, sino que soy yo El que Os he elegido a vosotros’ (Jn. 15:16). “Cada uno de vosotros, queridos hermanos, es capaz de darse cuenta de lo profunda y sobrenatural que es la realidad que experimentamos cuando seguimos a Cristo, cuando Él nos invita con las palabras ‘Sígueme’. Entonces la verdad de las palabras de San Pablo, “vuestra vida está escondida con Cristo en Dios” (Col 3;3), se hace real y clara para nosotros. Nuestra vocación está escondida en el Eterno Misterio de Dios antes de que se convierta en un hecho consumado en nosotros, antes de que se convierta en un “sí” humano, nuestra decisión y nuestra elección. ... Presentémonos al pie de la Cruz de Cristo al lado de su Madre. Aprendamos nuestra vocación de ella. ¿Acaso no dijo Cristo: “El que hace la Voluntad de Mi Padre que está en el Cielo, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre”? (Mt 12:50) |
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