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Si me hubierais preguntado hace tiempo a qué Instituto de Vida Consagrada yo me iba a unir, os habríais desilusionado. ¡Mucho!. Yo no tenía ninguna ambición pía; ningún deseo santo de trabajar en la Viña del Señor. Beber un vaso de vino era todo lo más que yo me podía aproximar a la Viña. Así es que: ¿Cómo es que terminé consagrándome, ordenándome Sacerdote y entregándome a un país (Ucrania) tan poco familiar para mí como “comer con palillos chinos?” Probablemente todo empezó con una crisis de vivienda. Siendo estudiante de primer año en una minúscula universidad, me ‘empaquetaron’, como a sardinas en lata, en una vivienda del ‘campus universitario’, hecha para dos, con otros tres más. Dos de ellos eran estudiantes de último año que se habían convertido, hacía poco, a la Fe Católica. El nº 4 era un “rocanrolero” sabelotodo de pelo largo, que tenía una curiosa plantita en su modesto espacio vital (una planta de marihuana). Mientras el Sr. “Rock-n-Roll’ y yo diseccionábamos juntos, gatos muertos, realmente me sentí inclinado a simpatizar más con nuestros ‘recién convertidos Católicos’. Éstos tenían una alegría y una profundidad que yo Católico creyente- no tenía. ¿Y qué creéis que hacían ellos? Leían a Santo Tomás de Aquino, rezaban el Santo Rosario, y encontraban inspiración en la Santa Misa. Yo estaba, en cierto modo, demasiado ocupado en hacerme el intelectual, como para perder tiempo en semejantes “prácticas fanáticas”. A pesar de todo, aunque eran jóvenes e inteligentes, se lo pasaban muy bien sin pecar. Así que cuando nadie me veía, probé su receta, y ¡pum! Conseguí una vida espiritual. Las ‘Respuestas apologéticas pías’ y las ‘devociones con promesas divinas’, eran magnéticas para mí. Mientras que los demás planeaban estrategias para sus respectivas carreras, yo anhelaba dar un salto hacia la Santidad, de la manera más corta, hábil, indolora, y sin mancha. Pasé de los ‘estupendos libros del Mundo Occidental’ a los ‘Buenos Libros del Otro Mundo’. La lógica estaba de mi parte. Si yo me sentía más feliz cuanto más tiempo le dedicara a la Fuente de mi felicidad, entonces alcanzaría la máxima felicidad cuanto más cerca estuviera de dicha Fuente. Así empezó mi odisea a través de los panfletos, visitas, libros y dirección espiritual por encontrar mi vocación. Cada vía parecía tener “pro-os” y “contras”. Los positivos incluían: la Eucaristía, la Adoración, la fidelidad al El Papa, el Santo Rosario, los buenos hábitos, y una educación ortodoxa; Los negativos eran la división de las Comunidades, rebelión contra el Magisterio de la Iglesia, tibieza hacia María, la soledad, y una formación superficial. Yo solía consultar a Nuestra Señora sobre los últimos positivos y negativos, y le pedí que me pusiera donde Ella quisiera. Entonces conocí Miles Jesu, y después de miríadas de preguntas de ambas cosas, decidí intentarlo. Eso fue hace 22 años de consagración. Aquí encontré todo lo bueno que había fuera, pero evitando los problemas y mucho más... Un ejemplo es la educación. Cuando estaba decidiendo entrar me faltaba un año para terminar mis estudios universitarios en Arizona. Confiando en nuestro Generoso Dios entré sin haber terminado la universidad. Dios me dio, no uno, sino 5 años de educación en una Universidad Pontificia de Roma, y la Ordenación Sacerdotal del El Papa Juan Pablo II. María me condujo hasta aquí, y se ocupó de todo en lo sucesivo. Nuestra meta es llegar a ser santos con toda la disponibilidad de nuestro corazón y fidelidad a la Iglesia. Por eso yo le diría a quienquiera que fuese que esté comprometido seriamente a vivir el Evangelio en el Sagrado Corazón de María -, “Ven y verás”, no esperes a tener una problema de alojamiento. |
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