la teologia de encontrar tu vocacion

DAR UN PASO EN LA FE
VEN Y VERÁS
MOTIVOS
SEGUIR A DIOS O A LOS SENTIMIENTOS
BUSCAR DIRECCIÓN ESPIRITUAL

DIOS TE QUIERE COMO ERES
DIOS DA LOS MEDIOS PARA LA MISIÓN
DEJAR LA FAMILIA
APEGOS Y TEMORES

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DAR UN PASO EN LA FE

La fe toma el relevo cuando el razonamiento se agota. El razonamiento no es suficiente para agradar a Dios.  Más bien, Dios se complace en que reconozcas tu inseguridad y confíes en Él.  "Sin la fe es imposible agradar a Dios". (Heb 11:6)

Algunos no se contentan con menos del 100% de certeza para seguir su vocación. Esto no es seguir a Jesús en la fe; estas personas se siguen a sí mismas. Demasiado tiempo de "discernimiento" antes de probar una vocación puede acarrear una gran cantidad de confianza mal colocada en el Yo y mucha indecisión acerca de la vocación. Esas personas no pueden volar hacia Dios porque les faltan las alas de la fe. Cuando creas que Dios te llama a una vocación  concreta, pruébala.

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VEN Y VERÁS

Cada paso que lleva al compromiso final es un paso adicional en la fidelidad a la inspiración de Dios. Seguir una vocación es como conducir un coche, pones atención y reaccionas a las señales de la carretera según vas pasando. Puede que no sepas a donde te lleva Dios pero lo que importa es que sigas las señales que te manda. A medida que pasa el tiempo, el camino se aclara y te sentirás iluminado acerca de lo que Dios quiere.

La primera invitación de Jesús a los apóstoles fue a que le siguieran. Al principio Él no les ofreció respuestas a todas sus preguntas ni soluciones a todos sus problemas. Simplemente dijo, "Venid y lo veréis" (Jn 1:39). Ahora la traducción para ti es: "Si tú crees que Dios te llama, investígalo."

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MOTIVOS

Frecuentemente nuestros motivos no son completamente puros.  Generalmente están mezclados, buenos y malos por igual. Si se decide que los motivos de una persona no están centrados en cosas de Dios entonces esa persona no tiene motivos suficientes para una vocación legítima. Pero esto no quiere decir que los buenos motivos no se puedan adquirir. Dios los puede conceder. Por medio de la conversión y de una maduración de la vida espiritual, los motivos pueden ser purificados.

Es importante darse cuenta de que los buenos motivos pueden corromperse cuando no se vigilan.  No es nada raro comenzar bien y acabar mal. En el camino de la vida, es corriente adquirir apegos, malas actitudes e intenciones impuras. Seguir una vocación exige un crecimiento espiritual diario.  No podemos seguir una auténtica vocación si nuestros motivos no están centrados en Dios, y no podemos perseverar en una vocación de forma agradable a Dios si no intentamos continuamente purificar nuestros motivos.

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SEGUIR A DIOS O A LOS SENTIMIENTOS

¿Debes necesariamente sentirte atraído por la vocación a la que Dios te llama?  No, pero si lo sientes, no hay razón para rechazar esos sentimientos.  Son buenos para disfrutarlos de forma correcta. Así que puedes sentir entusiasmo o estar esperanzado con tu vocación. Dios puede concederte sentir atracción y anhelo de seguirle en una forma determinada. Dios sabe que en los comienzos de tu viaje espiritual puedes necesitar consuelos para motivarte y animarte. Él puede conceder esto, al igual que puede retirar los buenos sentimientos de una persona que sigue una vocación. Él trata el alma de la mejor manera posible para esa alma. Algunos individuos no tienen intensos sentimientos positivos hacia lo que ellos creen ser la Voluntad de Dios para ellos. No obstante, esto no cambia su vocación ni pone ni quita nada en cuanto a sus deberes en el seguimiento de su vocación.

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BUSCAR DIRECCIÓN ESPIRITUAL

En la Summa Theologica, Santo Tomás de Aquino hace unas observaciones interesantes acerca de si es oportuno pedir consejo antes de seguir una vocación religiosa.

Dice que buscar consejo es aceptable si sirve para quitar obstáculos que impiden a la persona hacer más por Dios. Por ejemplo, el consejo sirve cuando una persona está indecisa respecto a qué orden sería mas apropiada para él, o como vencer el obstáculo de una deuda personal. Más aún, los consejos son útiles cuando ayudan a la persona a superar sus debilidades, que pueden estar inhibiendo el discernimiento de su vocación.

Sin embargo, Santo Tomás de Aquino tiene mucho que decir de los peligros de buscar consejos innecesarios y excesivos: "el seguir (una vocación consagrada) no es algo que ofrezca dudas respecto a su virtud, y no requiere largas deliberaciones ni el consejo de muchos. Esta escrito que ante la llamada del Señor, Pedro y Andrés ‘inmediatamente dejaron las redes y Le siguieron’ (Mt 4:20). Aquí Crisóstomo dice: ‘Esta es la obediencia que nos pide Cristo, que no demoremos ni un momento"  (Santo Tomás de Aquino, Summa Theologica;  Pre. 189,  Art. 10).

Hay consejeros que, para ayudar a la gente joven encontrar la objetividad, les animan a escribir los pros y contras cuando ya creen saber su vocación pero todavía no se pueden decidir. ¿Cómo se hace esto? Vamos a suponer que una mujer cree que Dios quiere que se meta a monja, pero no puede decidir si con las Franciscanas o las Benedictinas. Así es que escribe una lista con todas las cosas buenas y malas de estas dos órdenes. Este método es útil por cuanto hace que la persona se dé cuenta de las razones por las cuales elige un determinado estado de vida. Pero la persona debe darse cuenta de otros aspectos relativos a tan importante decisión.

Una dirección objetiva debe señalar si hay atracciones personales que influyen excesivamente en las decisiones de la persona; también debe señalar dónde encontrar la medicina (por muy mal que sepa) que curará las debilidades de una persona.

Ten cuidado de no pedir consejo a gente mundana o a personas que sientan un desmesurado apego hacia ti.

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DIOS TE QUIERE COMO ERES

En segundo lugar, a Dios no Le importa los dones que haya dado a una persona cuando concede el regalo adicional de una vocación. Cuando una persona dice: "seguro que no soy apto para servir a Dios de esa manera,"  la persona puede estar demostrando cierto nivel de autoconocimiento, pero solo está viendo una cara de la realidad. La otra cara de la verdad es que una tal confesión de pobreza espiritual nunca puede ser una excusa para desistir de una vocación, porque Dios da los medios necesarios para lo que pide. ¿No es verdad que todos nos quedamos cortos, de una manera u otra, en lo que se necesita para seguir a Jesús con fidelidad? Y éste es uno de los grandes  misterios y tesoro de nuestra fe, que Dios provee en las debilidades y deficiencias de Su rebaño, en modos que ni ellos mismos comprenden.

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DIOS DA LOS MEDIOS PARA LA MISIÓN

Nunca creas que los dones de Dios son más grande que Él.  Dios es más grande que lo que da. Aquél que se apoya demasiado en sus talentos y habilidades para elegir su vocación puede llegar a tener mas confianza en si mismo que en Dios.

Los talentos que posee una persona pueden ser un indicador de lo que Dios tiene reservado para él. Pero también es cierto que los designios de Dios para el individuo siempre sobrepasan lo que pueda producir el ingenio human. Mira el ejemplo que el Padre da a través de su propio Hijo. ¿Acaso no tenía Jesús poder para lograr (humanamente hablando) mucho más de lo que hizo mientras estuvo en la tierra? Entonces ¿por qué no lo hizo?  Dios dispuso otra cosa. Dios deseaba algo mucho mas que la predicación y las buenas obras: algo escondido, algo más grande. Pidió obediencia y sumisión.  Pidió sufrimiento. Pidió entrega. Pidió obediencia. Y esto es lo más profundo de cualquier vocación: la entrega de nuestra voluntad para hacer la Voluntad de Dios. Y es por eso por lo que las señales valoradas por el juicio humano no pueden ser las únicas directrices para tomar la decisión para seguir una determinada vocación.  Un ejemplo de la vida de una persona aclarará este punto.

El P. Walter Ciszek entró en los Jesuitas muy joven.  Tenía grandes dotes físicas y mentales y pasó muchos años preparándose para ser sacerdote en la U.R.S.S. Desde la perspectiva humana era perfecto para ese trabajo. Deseaba dedicarse por entero a esa vida. Por fin se presentó la oportunidad de poder entrar en la Rusia comunista clandestinamente. Al poco tiempo fue arrestado y acusado falsamente de ser espía del Vaticano. Fue condenado a 23 años de prisión y campos de trabajo. En estos campos llevó una vida de extrema carencia, sufrimiento espiritual y penalidades físicas. Tuvo muy pocas oportunidades de servir como sacerdote en estas circunstancias. ¿Por qué pasó esto?  ¿No debería el P. Ciszek haber seguido otro camino donde hubiera podido hacer mucho más por los demás? Es fácil hacer esta pregunta. Pero, en definitiva, cuestionar los designios de Dios es dudar de que Él sabe lo que es mejor para nosotros. El sentido de tu vida es glorificar a Dios, y Él es quien debe decidir de qué manera recibirá mayor gloria por medio de tu vida. Nuestro Padre efectivamente sabe más.

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DEJAR LA FAMILIA

Es evidente que no todos los padres se oponen a la vocación de un hijo o hija. Muchos apoyan y animan a sus hijos a abrazar una llamada especial de Dios. Así que dad gracias a Dios cuando vuestros padres os brindan esta ayuda. Es un regalo especial de Dios tener esta ayuda. Por desgracia no siempre se da este aliento paterno.

Ocurre a menudo que la familia o los amigos se opongan a que una persona se haga sacerdote, religioso o consagrada.

En cuanto a las obligaciones de los hijos para con los padres, Santo Tomás de Aquino dice que se puede entrar en la vida consagrada aunque los padres se opongan (Summa Theologica, “La entrada en la vida religiosa”, Pt.II-II; C189, Art. 6). Dice que después de la edad de la pubertad, los hombres y mujeres gozan de libertad en lo que concierne al ordenamiento de su estado de vida.

La oposición de los padres se debe primordialmente a su resistencia a soltar a sus hijos y a renunciar a sus propios planes para su hijo. A menudo pueden ser superprotectores o posesivos. Pero claro, los padres o los amigos que se oponen a tu vocación casi siempre disfrazan sus motivos egoístas (consciente o inconscientemente) bajo la apariencia de objeciones razonables: “eres demasiado joven”, “eres demasiado inteligente para malgastar tu vida metiéndote monja”, “no puedes irte y dejar tu trabajo, tus estudios, tu profesión…” “vas a fracasar” “¿de qué estás huyendo?” “¿Y tu abuelo?” “¿Quién dirigirá el grupo de oración, la tienda, el cortacésped?” Todo se reduce a lo mismo. Los padres y amigos, aunque creen estar haciendo lo mejor para ti, no oyen lo que Dios te dice a ti. La vocación suele no ser razonable según los cánones y juicios humanos. Y el criterio que hay que usar es necedad para la sabiduría humana. El criterio es: “¿qué quiere Dios de mí ahora?”

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APEGOS Y TEMORES

En Getsemaní Jesús sintió miedo. ¿Qué hizo? No sólo rezó para que se hiciera la voluntad de Dios, sino que la hizo y fue a la cruz y abrió Sus brazos y murió por nosotros. A veces nuestros sentimientos pueden estar en conflicto con lo que Dios quiere; entonces hay que ir en contra de los sentimientos para servir a Dios. Si no, el amor y el servicio a Dios se convierte en la mera búsqueda de experiencias placenteras espirituales, lo que fácilmente lleva a la búsqueda de placeres físicos. Nos enamoramos de los consuelos de Dios más que del Dios de los consuelos.

Cuando te abandonas y dejas que Dios lleve las riendas avanzarás mucho en la vida espiritual. Santa Teresa de Ávila y San Francisco de Sales creían que la virtud más importante para crecer en santidad es el valor. El valor puede llevar a una persona a Dios. Jesús dijo que “el hombre que salve su vida la perderá y el que la pierda por Mí, la salvará para siempre” (Mt 10:39). ¿Puedes morir a tus propios planes, sueños, posesiones y ambiciones? El sentido de las palabras “El que pierda su vida por Mí” es precioso. El hombre generalmente huye de la dificultad, pero es en lo difícil en lo que uno muestra su valía y florece. En la vocación, Jesús pide lo difícil. Le pide a uno que abandone el egoísmo. Todo se abandona por Cristo. La persona que muere a sí misma encuentra toda una vida nueva en Cristo. Hazlo y verás que es verdad. Los que están demasiado absortos en sí mismos y en sus posesiones son los que salvan sus vidas y por ello las pierden. Van por la vida como muertos que caminan entre las tumbas.

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