Paul Murphy - Un Hombre Que Mueve Los Corazones

Durante un servicio en España, Paul M. tuvo noticias de Don, uno de sus hermanos mayores. Todos los hermanos Murphy seguían manteniendo estrechas relaciones a pesar de que trabajaban y estudiaban en diferentes lugares de América o de todo el globo terrestre. Don se había unido a un grupo católico llamado “Miles Jesu”, que más tarde sería conocido como uno de “Los Nuevos Movimientos” en la Iglesia. Tenía que ver con cursos cortos conocidos como “Cursillos de Cristiandad”, cuyo objetivo era revivir e inspirar la fe en los católicos. El interés y entusiasmo de Don eran contagiosos. El servicio militar de Paul M. estaba a punto de acabar. Cuando terminó, fue a  reunirse con Don en Phoenix, Arizona, y asistió a uno de estos cursos.

Paul M. siempre devoto, ahora encontró algo nuevo y emocionante. Era el año 1965 y se percibían muchos cambios en el aire. La generación de la postguerra hacía preguntas, y la Iglesia buscaba la manera de responder de formas nuevas a los nuevos interlocutores. Durante los años siguientes, y por muchos años, seguirían periodos de confusión e incertidumbre en lo que parecía haber sido las grandes y sólidas verdades de la Fe Católica. Pero el retiro del Cursillo no formaba parte de esto, sino que estaba enraizado en un catolicismo tradicional y auténtico que resultaba intelectual y moralmente satisfactorio. Cuando el retiro comenzó, Paul M. Murphy conoció al Padre Alfonso María Durán, fundador de Miles Jesu. Inmediatamente el sacerdote reconoció algo muy significativo y especial en este hombre alto. Estaba abierto y deseoso de entregarse generosamente al servicio de Dios.

Más tarde, cuando acabó el retiro, el sacerdote se dio cuenta de que el joven había hecho una profunda entrega a Dios de una manera nueva e importante. Se sintió llamado a preguntarle sobre lo que él quería hacer. ¿Verdaderamente buscaba sólo la voluntad de Dios en todas las cosas? Ésta es la clase de preguntas a las que es fácil responder “sí” con ligereza e incluso de un modo piadoso superficial, porque eso es lo que parece esperarse. Pero el P. Durán prosiguió el interrogatorio. ¿Qué pasaría si la Voluntad de Dios fuera el que Paul M. se hiciera sacerdote?. Él ya sabía que Paul M. no quería serlo, pero Paul M. respondió con toda sinceridad que lo sería.

“¿Te gustaría?”

“No”

“Entonces, ¿Por qué habrías de serlo?”

“Porque yo no quiero hacer mi voluntad, sino la Voluntad de Dios”.

El P. Durán entonces cambió la táctica y sugirió que tal vez la voluntad de Dios fuese que Paul M. se casase y formase una familia. Esta vez Paul M. dijo que la idea ciertamente le atraía. ¿ Pero era éste el verdadero motivo para responder que “sí” a la sugerencia?  Paul M. fue tajante y enfático en su respuesta. “Yo no voy a hacer mi propia voluntad, sino la voluntad de Dios”

La idea de querer sinceramente lo que Dios quería, - y sólo lo que Dios quisiera - era evidente que era lo que más le importaba a Paul M. Murphy. Después de una conversación más profunda, el P. Durán le hizo otra sugerencia: Que Paul M. continuase con su plan de ser arquitecto, pero que entregara su vida a Dios sobre todas las cosas. Esto significaría desprenderse de sus posesiones personales - haciendo voto de pobreza – y renunciando a casarse y a formar una familia, eligiendo en lugar de eso, vivir una vida de celibato, sirviendo a Dios y a su prójimo con total desprendimiento, bajo un voto de obediencia. Esto provocó un acorde en lo más profundo de Paul M.. Él sabía que era eso precisamente a lo que estaba llamado. Más tarde diría al respecto: “tuve la sensación de que todo encajaba en su lugar”. Lloró. Había encontrado la vocación de su vida.

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