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“Los padres deberían saber aceptar como una Gracia el regalo que Dios les hace, llamando a alguno de sus hijos al Sacerdocio o a la a la vida religiosa. Para recibir dicha Gracia es necesario pedirla en profunda Oración y aceptarla de manera activa, por medio de una educación que permita a los jóvenes percibir toda la riqueza y la alegría de consagrarse uno mismo a Dios. Los padres que aceptan la llamada de un hijo o una hija para una consagración especial para el Reino de los Cielos, con un sentido de gratitud y alegría, reciben un signo especial de la plenitud de los frutos espirituales de su unión, al verla enriquecida mediante la experiencia de amor que se vive en el celibato y en la virginidad. Estos padres descubren con estupefacción que el regalo de su amor es, como lo fuera, multiplicado, gracias a la vocación sagrada de sus hijos, más allá de la dimensión limitada del amor humano.” - Mensaje del Papa Juan Pablo II en el 34º Día Mundial de Oración por las vocaciones, el 28 de octubre de 1996 |
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